Más trabajo. En el hogar de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, que tienen su residencia en la calle Martín Cansado número 40, no hay descanso. Comedor en el centro, carros de alimentos en crudo para familias, y el servicio de ducha y ropa para aquellas personas con pocos recursos económicos, son algunas de las prestaciones que proporcionan a los más necesitados de la ciudad. El problema es que cada vez son más los usuarios que se encuentran en esta condición.
En este espacio come a diario una media de 80 ciudadanos. Esta cifra se ha mantenido a lo largo de los años gracias a que comenzaron a cubrir las necesidades básicas de los núcleos familiares que solicitaban su ayuda con el objetivo de evitar que acudieran al comedor social. En estos momentos atienden a unas 250 familias, cifra que ha ido aumentando año tras año, pero especialmente durante 2011. Han pasado de ocuparse de unas 40 familias con menores a su cargo en octubre del año pasado a las casi 250 que tienen registradas actualmente. «Aunque ha habido meses en los que el número era mayor. En febrero de este año tuvimos a más de 270 familias. Hace cinco años venían puntualmente unas 20», dice sor Marife González, directora del centro.
El perfil de las familias que solicitan ayuda ha evolucionado. Ahora son personas más normalizadas. «Recibimos a mucha gente que ha perdido su trabajo y tiene pocos ingresos. Cuando acuden a nuestro centro analizamos sus circunstancias a fondo. Trabajamos en coordinación con el Centro Hermano de transeúntes, Cáritas y los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Badajoz», explica la trabajadora social, Sole Velázquez.
El perfil de los usuarios que almuerzan en este comedor social también ha cambiado. «Vienen muchos hombres que están solteros o divorciados, les han embargado la casa y terminan viviendo en su coche. Se acercan aquí para comer o ducharse. También hemos notado desde hace unos meses que llegan muchas mujeres jóvenes, la mayoría ejercían la prostitución. Nos comentan que desde que entró en vigor la ordenanza no pueden trabajar», indica Velázquez.
Menos subvenciones
Sin embargo, la tendencia es que se recrudezca aún más la situación, ya que reciben cada vez a más usuarios y tienen menos recursos. Las pensiones de las hermanas son menos, ya que cada vez hay menos vocaciones; las subvenciones públicas y privadas han disminuido; y los donativos de los particulares en metálico también han caído en picado.
«Este año no hemos recibido ayuda de la Junta de Extremadura, cuando otros años sí hemos tenido. La Diputación de Badajoz y el Ayuntamiento sí han mantenido su aportación», destaca Velázquez. Precisamente, ayer este comedor social firmó un convenio de colaboración con Cajasol Banca Cívica por el que la entidad donó 60.000 euros para las distintas actividades.
El año pasado gastaron 251.500 euros, cantidad que a fecha de hoy ya han superado con creces.
El panorama es tan dramático que temen no poder cubrir toda la demanda que tienen. «La Fundación Banco de Alimentos nos proporciona gran parte de la mercancía que después dispensamos. El año que viene la cantidad que recibiremos de esta organización disminuirá al menos un 50%, ya que a ellos también les cancelan las ayudas europeas. Eso puede empeorarlo todo», manifiesta sor Marife González, que quiso agradecer la labor que realizan los voluntarios y la colaboración de los ciudadanos.
Un trabajo que para María Ariza, usuaria de este comedor, es tan importante como necesario. Esta joven acude desde principios de año a este espacio para alimentarse. Una decisión que no fue fácil para ella. «Me vi obligada a venir por mi situación familiar y por problemas sentimentales. Gracias a este servicio la gente con pocos recursos tenemos algo que llevarnos a la boca. No es agradable y es duro admitir que frecuentamos el comedor social. Da vergüenza», apunta Ariza.
Fuente: Hoy.es