Los expertos advierten que retrasar cada vez más la edad a la que las mujeres se convierten en madres está expandiendo la infertilidad.
La población de Extremadura se encoge, un año más. El número de niños que nacieron en la región en 2010 (10.089) fue inferior al de personas que murieron (10.736). La diferencia es un saldo negativo (-647) que implica que este año los extremeños somos menos, según el avance de datos del Movimiento Natural de la Población de Instituto Nacional de Estadística (INE).
Esta tendencia demográfica ha sido una constante en los últimos años y los expertos advierten que cambiarla es cada vez más complicado. Para la socióloga Mané López Rey, profesora de Sociología de Género en la Universidad de Extremadura (UEx), las causas de este fenómeno están claras. «La caída de la natalidad es un indicador de la orientación de las familias al bienestar. Ha habido un cambio de mentalidad en los progenitores. Antes se tenían los hijos que venían, mientras que hoy se calcula el coste que cada vástago va a suponer en la familia, no sólo a nivel económico, sino también, en general, en la calidad de vida. Si se tienen tres hijos, no se puede vivir igual que si se tienen dos, uno o ninguno. Mientras más aumenta el nivel de bienestar más cae la fecundidad», resume López Rey.
La experta da otras posibles claves para interpretar ese descenso de la natalidad. Entre ellas, la separación entre sexualidad y reproducción. Y la mejora de los métodos anticonceptivos, cada vez más efectivos y extendidos. Pero, además, alude una causa más: la paulatina secularización de la sociedad.
«Somos cada vez más laicos. Los preceptos religiosos que marcaban la vida de una pareja y que influían en las pautas de natalidad ya no están tan arraigados. Y también hay que tener en cuenta que cada vez mueren menos bebés y menos madres. Antes se producía una mayor mortalidad en estos dos colectivos, y muchas familias tenían más hijos porque muchos no sobrevivían», expone.
Según las cifras del INE, la edad media a la que las mujeres se convierten por primera vez en madres sigue registrando una suave tendencia creciente. En Extremadura, dicha edad supera en poco los 31 años. La media española se acerca a los 32 (31,9) mientras que las extranjeras suelen tenerlos cuando rondan los 28,7 años.
Los expertos alertan de que la decisión de las mujeres de retrasar cada vez más la edad en la que se convierten en madres hace que se esté expandiendo la esterilidad. «No es fácil quedarse embarazada con 40 años, y a partir de los 35 ya resulta complicado. De ahí, que cada vez se recurra más a procesos de fertilización tipo 'in vitro', por ejemplo», resume Mané.
También en los pueblos
El geógrafo Antonio Pérez Díaz argumenta que la búsqueda del desarrollo profesional retrasa cada vez más la maternidad en España y Extremadura. «Curiosamente antes, en las zonas rurales esta tendencia no era tan acusada, puesto que hay menos mujeres que ocupan puestos de trabajo cualificados, pero últimamente los patrones se repiten en este ámbito y la edad a la que conciben su primer vástago es muy similar a la de las mujeres de las ciudades», señala.
No en vano, la emancipación de la mujer y el cambio de papel que ha experimentado en los últimos años, son determinantes en el comportamiento de la natalidad. «Las féminas se quieren desarrollar profesionalmente y eso supone a veces una renuncia, parcial y a veces total, de su maternidad. Porque si quieren posicionarse al mismo nivel que los varones tienen que hacer algunas renuncias. Se sienten 'obligadas' a elegir», resume Mané.
La paradoja, apunta Pérez Díaz, es que cuando estas mujeres consideran que han alcanzado la realización personal y pueden ser madres, ya no tienen la edad y la energía para hacerlo. «Eso explica que España, con una tasa de natalidad baja, sea uno de los países con más solicitudes de adopciones», refiere este experto, que también es profesor de la UEx.
La estructura demográfica, por otra parte, es el primer condicionante para la natalidad. El número de mujeres en edad fértil es cada vez menor en la región y eso se refleja en el número de nacimientos. Sólo las inmigrantes, según apunta el geógrafo Antonio Pérez Díaz, corregían la situación. Hasta ahora.
«Su llegada sirvió para contrarrestar todas estas tendencias que hemos mencionado. Normalmente, las mujeres que se van a vivir a otros países lo hacen en edad reproductiva y, por tanto, suelen tener hijos en el país que les acoge. Además, tienen una pautas de natalidad muy parecidas a las que teníamos las mujeres españolas de hace 50 años. Ellas contribuían a elevar el número de nacimientos en los últimos años, pero ahora muchas se están adaptando a nuestros patrones y otras tantas se están volviendo a sus países», cuenta Pérez.
Los sociólogos contemplan también variables como la crisis o la supresión de las ayudas a la natalidad por parte del Gobierno de Zapatero en su análisis, pero aseguran que se trata de elementos muy conyunturales. «La demografía es algo estructural, para cambiar sus variables hacen falta generaciones. Estas cosas pueden influir, pero de momento, su reflejo en la pirámide de población es sutil. Pero es innegable que la recesión influye a la hora de plantearse tener un hijo», opina Mané López.
Fuente: Hoy.es